
Compaginar la actividad pastoral con la vida civil es una opción cada vez más frecuente entre los sacerdotes asturianos, que les permite acercarse a realidades ajenas a su ministerio.
Jesús María Menéndez es sacerdote y profesor. Llegó a la docencia por casualidad en 1978. Había terminado sus estudios de Teología en el Seminario y el arzobispado le había destinado como diácono a la parroquia gijonesa de San José. «Necesitamos un profesor de Religión para el Instituto Jovellanos», le dijeron. Él asumió el encargo de buen agrado y con apenas 25 años se puso delante de una pizarra. Las aulas le engancharon y, desde entonces, ha visto crecer a miles de alumnos tanto en el conocido centro educativo como en los IES Doña Jimena y Fernández Vallín. Ahora, compagina las lecciones con su labor de párroco en los pueblos maliayeses de Careñes, Castiello de la Marina y Villaverde.
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